Diego Zarzosa (Valladolid, 1975) guarda como oro en paño dos camisetas de las muchas acumuladas en sus casi tres quinquenios de carrera como talonador: la del XV del León que usó en el Mundial de 1999 y la de los Barbarians que se enfundó en Plymouth una tarde plomiza y lluviosa de 2007. La adversa climatología no fue, sin embargo, óbice para que el otrora poderoso delantero de SilverStorm El Salvador o los Harlequins ingleses, entre otras escuadras, exprimiera hasta el último segundo una experiencia que, hasta la fecha, sólo ha disfrutado otro rugbier español en su versión masculina: Oriol Ripol.

“Sin duda se trata de uno de los partidos más importantes de los que he jugado en mi vida por todo lo que significa, por la gente que ha vestido esa camiseta y tú haber sido parte de ello. Me llenó de orgullo”, comenta Diego desde México, donde prácticamente acaba de aterrizar para hacerse cargo de la dirección de documentales especiales del canal Televisa-Univisión, tras una larga etapa ejerciendo como productor en Informe Robinson.  

Lo único que lamenta Zarzosa de esta nueva e ilusionante etapa profesional que acaba de iniciar en la tierra de Moctezuma es que le va a impedir acudir el sábado 25 al Estadio Municipal El Molinón-Enrique Castro ‘Quini’, para ver en directo ese histórico España-Barbarians cuyo único precedente tuvo el privilegio de disputar, quince años atrás, en el Martínez Valero, de Elche. 

“Es un partido con muchísima solera porque de un lado tenemos a los Barbarians, que tienen más de 130 años de historia, y del otro El Molinón, un estadio con 114 años de vida que va a acoger por primera vez un partido de rugby. Así que se juntan dos templos, por así decirlo, del deporte, y a la fiesta se suman también los Leones. Todo ello lo convierte en un evento único. Y en una ciudad maravillosa como es Gijón. Un marco incomparable para disfrutar de un espectáculo así, y tomarte de paso una buena sidriña. Va a ser un duelo muy divertido, super abierto y con acciones muy espectaculares por ambos equipos”, vaticina.

Como miembro ilustre de un elenco de jugadores legendarios que han vestido alguna vez su camiseta, nadie como Diego para expresar en palabras lo que significa en el mundo del rugby el término Barbarians. “Si tuviera que definirlo en una sola palabra, sería valores. El rugby se dice que puede ser jugado por personas de cualquier clase, pero por ningún mal deportista de ninguna clase. Haber sido Barbarian es para mí sobre todo un honor y un gran recuerdo. Que se fijaran en uno desde Inglaterra es algo con lo que no cuentas cuando vas planificando en tu mente tu carrera. Primero, sueñas con debutar en tu club, en mi caso El Salvador. Una vez que lo consigues, te planteas llegar a la Selección. Lo intentas, llegas y sigues soñando, pero en este caso yo no lo soñaba y fue el sueño el que me atrapó a mí, sin esperarlo”, reconoce.

A Diego, nacido el día de Navidad, le visitó Santa Claus dos veces en 2007: la primera le trajo el inédito hasta entonces España-Barbarians, y meses después le dio la posibilidad de probar en sus propias carnes qué se siente al vestir esa mítica elástica negra y blanca a rayas horizontales. “El de Elche fue un partido divertidísimo, de juego muy abierto, lo que caracteriza a los Barbarians. No te estás jugando nada, no hay que buscar resultados y haces cosas que normalmente no intentarías en un partido de competición. Eso es lo que más me sorprendió cuando jugué contra ellos y pensé lo mismo que cuando me enfrenté a Harlequins con El Salvador, lo maravilloso que sería jugar con ellos”. 

Y, por segunda vez, el sueño superó a la realidad. “Casualmente, en el tercer tiempo, entablé alguna amistad, luego me fui a jugar a Harlequins y entré en el radar de los Barbarians. Al poco cayó mi convocatoria. La historia es la que es. De aquel partido, me quedo con el ensayo que metí y con el ‘no ensayo’ tras hacer una touche. Entre la niebla y la lluvia, la línea no estaba ya muy bien. Yo iba de conductor del maul, pensé que era la línea de ensayo y me tiré, pero en realidad era la línea de cinco metros. La cara de todos mis compañeros y la mía propia fue de incredulidad. Seguí luchando y, por suerte, a los 20 minutos logré entrar de nuevo y pude meterme esta vez hasta la cocina, pero la de verdad”, rememora entre risas.

El que fuera internacional con España en 45 ocasiones tuvo la suerte de compartir vestuario aquel día con uno de los jugadores que más admiraba, aunque no actuara en su misma posición dentro del verde. “Fue una gozada poder jugar con Gonzalo Quesada, uno de los mejores aperturas del mundo. Integrante de los Pumas, entrenador de equipos en Argentina y ahora en Francia. Para mí sigue siendo un referente del rugby mundial. Ser dirigido por él como 10 fue una maravilla. Un gran tipo y, sobre todo, un jugador impresionante”. 

Acostumbrado a albergar partidos internacionales de la Selección española de fútbol, e incluso haber sido sede del Mundial de1982, la inminente visita de los afamados Baa-Baas a El Molinón tiene difícil parangón con una escuadra de balompié por la particular idiosincrasia de la entidad británica, cuya camiseta se viste por invitación. Sea como fuere, el ex talona pucelano encuentra una similitud ciertamente plausible. 

Carta de invitación recibida por Diego Zarzosa para jugar con Barbarians en 2007.

“En cuanto a filosofía, por la alegría y vistosidad del juego, yo asemejaría a los Barbarians con aquel Brasil de Zico, Sócrates, Eder, Falcao o Junior, que era una maravilla tocando el balón. Esto es lo que vamos a ver tocando un balón oval, y a unos jugadores que van a hacer ‘Jogo Bonito‘. El aficionado y el no aficionado al rugby se va a llevar un recuerdo para toda la vida de un espectáculo increíble. Estoy seguro de que el que no esté muy conectado a nuestro deporte lo empezará a buscar porque va a alucinar”, concluye.