Para Olivia Fresneda Fernández (Madrid, 1999) hay más tiempo que la vida. Sin esa  filosofía positivista resultaría imposible concebir una agenda de actividades tan abultada en su hoja de ruta: le da a la escalada, hace buceo, esquía, a veces se enroca en el ajedrez, le pega también a los fogones (aunque borda las tartas de queso), además de cursar tercero de Medicina en ‘la Complu’… Empero, el centro sobre el que gravita su particular universo tiene forma oval. 

El torneo podrá verse al completo en V.O. en Movistar+, Deportes 3 (dial 191). Todos los partidos de España (fase de grupos y eliminatorias) y la final podrán verse en diferido, con los comentarios en castellano

“Creo que sin el rugby no podría estar donde estoy. Es una parte muy importante de mi vida. Empecé desde muy pequeñita, por lo que ya es una forma de vida. Puedo estudiar y hacer un montón de cosas gracias al rugby, un deporte en el que me queda mucho que dar y mucho que aprender. Ahora mismo no me imagino mi vida sin un balón ovalado en las manos”, sostiene con su perenne sonrisa la camaleónica flanker del Cisneros, embutida en su piel de Leona7s para entrar en acción este sábado en las HSBC World Rugby Sevens Series de Langford (Canadá) con la Selección española femenina de la modalidad olímpica del rugby. 

Fotografía: Walter Degirolmo

Tiene la cita norteamericana un aroma especial para la delantera madrileña, que en el debut frente a la escuadra anfitriona alcanzará los cien duelos en Series Mundiales. Una excusa perfecta para dar un raudo repaso a su quinquenio como integrante del combinado que dirige Pedro de Matías. “¡Ni me planteaba que llevase ya tantos partidos! Uno de mis mejores recuerdos fue en las Series de Biarritz, hace cuatro años, cuando ganamos a Australia y conseguimos entrar en las semis. Nunca les habíamos ganado y tener en la grada a mi madre, mi padre, mi hermano, a mucha gente conocida, y derrotar a un equipazo como ese con ellos ahí, apoyándote, fue un subidón increíble” rememora con un deje nostálgico.  

Mejorar el noveno y octavo puesto conquistados en las Spain Sevens de Málaga y Sevilla, respectivamente, es la meta que se han fijado las Leonas7s en Langford, donde se las verán con Canadá, Australia y México para abrir boca. “Vamos a hacer todo lo posible por entrar en oro. De los tres, el rival más complicado es Australia. Vamos a tratar de competirles y, si se dan bien las cosas, intentar ganarles. Antes vendrá Canadá, que al jugar en casa seguro que estarán más motivadas. Tienen un equipo bastante nuevo al que ya nos enfrentamos en Sevilla, y estuvimos ahí. Por último, México es el rival más asequible al que deberíamos ganar por el mayor número de puntos posible, ya que las dos mejores terceras se meten en la pelea por el título”, asevera Olivia, convencida de que habrá que ponerse el traje de faena para mantener un año más la escarapela de ‘core team’.

“Nos va a tocar sufrir un poquito porque Brasil, nuestro rival para la permanencia en las Series, está subiendo como la espuma. Están metiendo mucho dinero para las chicas y lo están haciendo bien. Pero creo que podemos con eso de sobra. Soy optimista viendo cómo estamos entrenando, y la alegría y energía que nos está aportando la gente nueva, que ha venido con muchas ganas. Me recuerdan a mí cuando llegué aquí. Era una cabra loca: entrenaba al Seven, le metía al gimnasio, luego me iba al club y le daba al XV, después hacía algunos extras… Cuando llegas te quieres comer el mundo y eso es lo que nos viene bien de ellas”, explica.

Habitual en las convocatorias tanto del XV femenino como de Rugby 7s, la tercera línea del Azul-Azul se siente afortunada de poder compaginar ambas disciplinas, más allá del esfuerzo extra que supone en determinados momentos de la temporada. “Sí, porque, al fin y al cabo, son dos deportes completamente distintos. Pero sarna con gusto… Creo que los dos me aportan mucho, son muy divertidos ambos. También es verdad que ahora me apetecía un poco de Siete. Llevábamos mucho con el XV, entre el tema del Mundial y el Europeo. De vez en cuando, cambiar de aires viene muy bien”, justifica.   

Fue precisamente el equipo nacional de 7s el refugio en el que nuestra protagonista se guareció cuando el viento de la desgracia golpeó con inusitada fuerza en su vida a raíz de la desaparición y posterior fallecimiento de su madre, Blanca Fernández Ochoa. Aunque aquellos días de incertidumbre y pesadilla nunca dejarán de ser un recuerdo triste y doloroso, Olivia siempre estará en deuda con el deporte del oval por ayudarle a mitigarlo y a sobrellevarlo. “Si no llego a tener a mis compañeras y al rugby, no sé qué hubiese pasado porque fue un shock muy fuerte y, gracias a ellas, a poder entrenar y a no darle vueltas a la cabeza durante esos momentos, pude tirar para adelante. Es algo que agradezco muchísimo, tanto al rugby, como a la gente que estuvo ahí, apoyándome”.

La esquiadora que alcanzó el cenit de su carrera con aquel inolvidable bronce en los Juegos de Invierno de Albertville se fue para siempre, pero Blanca sigue estando, de alguna manera, ligada a su hija. “Hay una conexión entre nosotras, sí. Puede sonar un poco hippie, pero las personas al final son energía y yo creo mucho en eso. Y cuando me encuentro mal o estoy triste, la siento. Las personas que se van en realidad no se van, siempre están ahí. Y yo siento que me mira desde lejos, y entonces tengo que tirar para adelante. Siempre. Es uno de los motores que me impulsa, junto a mi padre, mi hermano, mis abuelos… Tengo mucha gente detrás, pero está claro que ella siempre está ahí”, confiesa.   

De las múltiples enseñanzas que le dejó, la flanker de la selección española rescata una que le acompaña en su día a día desde cría. “Mi madre siempre decía que da igual todas las veces que te caigas, que siempre hay que levantarse. Antes de llegar a lo más alto, tuvo que perder muchas carreras y se lesionó muchas veces. Pero que si a eso que haces le pones el alma y el corazón, los resultados llegarán. Yo no me considero una jugadora muy grande, ni muy fuerte, ni la más rápida del equipo, pero creo que con trabajo todo se consigue. Y eso es lo que ella siempre me decía: sigue, Oli, tira para adelante, no pasa nada, que con trabajo las cosas acaban llegando”, comenta con ese aire risueño heredado del clan más exitoso en la historia del esquí nacional. 

De los Fernández Ochoa le viene igualmente un sueño que Paco, Dolores, Juan Manuel, Luis y Blanca convirtieron en tradición familiar. “Quiero llegar a unos Juegos. Uno de mis sueños siempre fue que mi madre me viese en unas Olimpiadas. Llegar a unos Juegos con un equipo tiene que ser algo muy grande. Lo que consiguieron las chicas en 2016 me parece algo alucinante. Y estoy convencida de que podemos repetirlo”. Que así sea, Oli.