Domingo de película en el Central. Si algo podía salir mal en ese festival de cine paralelo que acogió el coliseo de Ciudad Universitaria mientras el XV del León armaba la Mundial con su histórica clasificación a Francia 2023, sencillamente todo salió niquelado. La anterior victoria ante Rumanía dejó tras de sí un reguero de señales que invitaban a ser carne de fotocopiadora de cara a la visita de Portugal, un rival de armas tomar que, avanzado el segundo tiempo, obligó a más de uno a pedir una ronda de desfibriladores en lugar de las clásicas pintas por el cariz de Vértigo que estaba tomando el partido. Un suspense dramático, a prueba de Corazones de acero, que hubiera firmado el mismísimo Alfred Hitchcock.   

Menos mal que estaban las benditas señales del Día Internacional de la Tala del Roble, que como todo el mundo sabe es el 27 de febrero, y el Equipo de Todos se aferró a ellas como cábalas panza arriba durante los 80 minutos que estuvieron Bailando con Lobos sobre el verde del vetusto estadio de la Universidad Complutense. A saber: un sol radiante, pese a que las previsiones fueran de nubes y claros. El mérito, en este caso, hay que atribuírselo de nuevo a Santi ‘Costner’ Santos y sus predicciones ‘a lo Meteosat’. Lo suyo empieza a rayar lo paranormal. Habrá que cursar invitación a Iker Jiménez para el próximo partido.

Fotografía: Walter Degirolmo

La banda de música de la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas se reenganchó a la fiesta del oval patrio para interpretar los himnos nacionales, Suspiros de España y hasta la Bohemian Rapsody si hubiese hecho falta con tal de llevar en volandas a los 24 leones que debían cruzar ese rubicón maldito que tenía a nuestro rugby varado En Tierra de Nadie desde hacía más de dos décadas. 

Para que la cruzada mundialista llegara a buen puerto se hacía imprescindible activar una vez más el comodín del público, aunque de todos es sabido que a ‘La 17’ no hace falta ni convocarla. La fiel afición del ovalado, que en esta ocasión incorporó a modo de refuerzo una cohorte de más de 1.000 efectivos para percutir en cada acción contra el desafiante equipo de las Quinas, tiñó de rojo cada rincón del Central y el aire universitario de siemprevivas por y para una Selección que no estaba dispuesta a esperar el Último tren para Gun Hill y jugarse el todo por el todo en la jornada final del Rugby Europe Championship 2022 ante Georgia.  

Fotografía: Walter Degirolmo

Hablando de trenes, los de Renfe deben tener en su flota de maquinistas a El Mentalista porque de otra forma no se explica que su acción de Tirar a Palos en el descanso fuese la antesala de la crucial batalla de puntapiés de castigo que entabló nuestro Manu Ordás con el medio melé lusitano en El Final de la Cuenta Atrás de un envite que ya es historia del rugby nacional. El Central se disfrazó de Río Bravo y el apertura de Bayona desenfundó su lapicera diestra, cual Gary Cooper, para patear Sólo ante el peligro. El silencio sepulcral que antecedió sus tres lanzamientos a palos dejó constancia, una vez más, de la grandeza de un deporte cuyos valores se mantienen, en esencia, inalterables desde los tiempos de William Web Ellis (que Billy Wilder le tenga en su seno).  

Contar en la grada con el apoyo de dos campeones del mundo como Pepu Hernández y Javier Lozano fue, qué duda cabe, otro acicate inspiracional para el XVI del León, la única escuadra del planeta oval que salta al ruedo con un jugador más. Kawa Leauma siempre está detrás de cada agrupamiento, de cada melé, de cada ruck o jugando al escondite inglés con el pack español en cada maul para que El Ilusionista Marco Pinto, su ‘bro’, plante bandera tras las líneas enemigas. “Es la motivación intrínseca de todos los jugadores de la Selección”, como bien definió Don Santiago Ovejero I de Sochi. Este Mundial lleva grabado el nombre del guerrero samoano de la eterna sonrisa con letras de oro y diamantes.      

El silbatazo final del francés Trainini abrió el telón del Cinema Paradiso, liberando de paso megavatios de tensión (y eso que el precio anda por las nubes), y dio pábulo a una Marabunta de aficionados que convirtieron el césped en una versión rugbística del inolvidable camarote de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera. En su esforzado afán por lograr la siempre compleja invasión invertida, a Pedro ‘Del Mar’ Bonofiglio sólo le faltó mentar a Putin para mandar a la chavalería de vuelta a la casilla de salida, pero sólo pensarlo ya era demasiado heavy. Como para soltarlo por el micrófono. A todo esto, bien por Pedro y sus arreones verborreicos para reactivar a ‘La 17’ cuando los Lobos aullaban más de lo necesario.  

Fotografía: Walter Degirolmo

Aunque extraoficialmente quedara inaugurado por Matt Foulds tirando de pintas mientras la parroquia le sacaba a hombros del coso universitario, el Tercer Tiempo del Día del León se desarrolló en varias fases. La primera secuencia se produjo en la sala de Prensa con el baño achampanado de Santi Santos mientras trataba de explicar en palabras la gesta que sus hombres acababan de lograr para el rugby nacional. El gurú del XV hispano se llevó una ovación cerrada al estilo de Gene Hackman en Hoosiers antes de unirse a un Miguelón que, embutido en la elástica con la que España disputó la Copa del Mundo del 99, ya le aguardaba con una Mahou Cinco Estrellas en mano para brindar por una clasificación que ha llegado tras derramar en los últimos cuatro años no poca sangre, kilómetros de sudor y un torrente interminable de lágrimas.

El ala izquierda de la Casa Blanca en el Central, para más señas el vestuario local, fue escenario de la siguiente fase del fiesteo leonino. Entre pizzas, birras, abrazos y el icónico cántico de “nos vamos a París” (aunque en realidad vayamos a Burdeos), se coló también el momento FaceTime para compartir alegrías y algún que otro llanto de emoción con los seres queridos que no habían podido desplazarse hasta la capital de España.

Fuera, sobre el lugar del crimen, Tomy Munilla ‘Maravilla’ había tomado los mandos del cotarro, con la inestimable colaboración de Mar Álvarez, Joel Merkler y Víctor Sánchez, tratando de recomponer con la imbatible voluntad de una abeja obrera un cartel, el de ‘Clasificados para Francia 2023’, que nadie llegó a ver nunca de una sola pieza. Ni siquiera Horacio.  

El guateque tuvo lugar, como no podía ser de otra manera, escaleras arriba, en el bar El Central. Crisol hedonista de culturas de la cebada y el trigo con la oval como denominador común, el modesto Cheers académico que regenta Víctor Valdehita desde el año del caldo y en el que everybody knows your name, aglutinó en derredor a jugadores, familiares, amigos y aficionados ávidos de brindar con sus héroes, hacerse un selfie para la posteridad o simplemente saber qué se siente al ser mundialista de nuevo cuño. El festejo derivó pronto en una reunión de colegas de esos clubs sociales en serio peligro de extinción, con múltiples charlas en grupos reducidos y en idiomas varios. ¡Se te echó de menos, Chicote!

En el clan francés, el más comedido, Roger y Fred Quercy seguían analizando lo que había sucedido en el verde un rato antes. “Mi hijo ya me ha superado con esto”, decía con orgullo el patriarca de los Quercy, a la sazón campeón de Francia en 1961. El ex león Sébastien Rouet también presumía de hermano con Guillaume, Ovejero firmaba balones y repartía abrazos hasta con los árboles, en lo que Bimba Delgado ejercía de capitana de las Leonas felicitando efusivamente a sus colegas masculinos.

Manu Mora había conseguido al fin dominar su melena de Sandokan, Fer López anticipaba unas horitas la celebración de sus 36 castañas y Álvar Gimeno se marcaba una suerte de conga con su novia y amigos venidos desde Valencia, mientras el torbellino Munilla ejercía de Peter Sellers de la improvisada quedada con sus idas y venidas portando el famoso cartel de marras troceado en tres cuartos, provocando las risas de los contertulios. Por cierto, Kawa también estuvo ahí.  

Aunque todavía reste por poner la guinda al pastel de una campaña inolvidable en Tbilisi ante los Lelos, “vamos a ganar allí y a traernos el título de campeones de Europa”, decía el mister convencidísimo, el XVI del León no puede evitar en pensar desde la tarde del domingo en esa superproducción que se estrenará en septiembre del año próximo en el país vecino: 2023, una odisea en las Galias. Pero como dice el gurú Santos, esa será otra historia. To be continued…