Amaia Erbina (Ordizia, 1997) es una tía sin complejos. Tal vez tenga algo que ver que proceda de una familia de amplia tradición rugbística, haberle dado al oval durante más de una década rodeada de chicos, “de los 5 a los 16 años. Hubo esporádicamente alguna chica, pero por lo general he sido siempre la única en el equipo. Jugar sólo con chicos te hace ir súper preparada al contacto, perder el miedo y ser consciente de que o vas al 100%, o vas al 100%, no hay otra opción”, y haber visto la luz en el corazón del Goierri, donde no se echan para atrás ni para tomar impulso. Seguramente ese background granítico explique el porqué la centro del Stade Toulousain francés y una de las capitanas de la selección española femenina de seven, encara el torneo clasificatorio para el Mundial, que se disputa este fin de semana en Bucarest, con una fe ilimitada en esta nueva camada de Leonas7s y ese sueño colectivo de poder estar a fines de verano en Sudáfrica. 

Por supuesto que estamos convencidísimas y vamos a ir a por una de esas cuatro plazas en Bucarest. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano, porque en el deporte hay muchos factores. Pero todos los que dependan de nosotras, no tenemos ninguna duda de que vamos a ir al 100%. Ni al 200%, ni al 80%. Al cien por cien. Entonces, si nos centramos en eso, seguro que sale”.

Olímpica con 19 primaveras, experiencia la de Río que le marcó para los restos, y también mundialista cuatro años atrás en San Francisco, Amaia es de las pocas jugadoras de la escuadra que dirige Pedro de Matías (ex aequo Iera Echevarría y Olivia Fresneda) que conoce a la perfección las bondades deportivas y anímicas que te deja a posteriori el tomar parte en un acontecimiento de semejante calado. 

“Creo que, después de unos Juegos, ir a un Mundial es el segundo mayor logro que podemos tener. Como equipo sería un orgullo y un subidón poder decir que nos lo merecemos, que después de todo el trabajo, pues merece la pena. Porque, a veces, cuando un grupo está estancado o en las Series Mundiales no se han conseguido los resultados que te gustarían, puede ser muy frustrante. Y la mayor parte del tiempo te lo pasas entrenando. Entonces, que de repente venga un evento tan grande como este y puedas conseguir el billete para jugarlo es una gran satisfacción deportiva y personal, y es una motivación enorme para seguir trabajando“, considera. 

Fotografía: Luis Conte

Una circunstancia, ésta última, que se multiplicaría hasta el infinito en el seno de una selección que aún está en proceso de gestación, con numerosas caras nuevas y una experiencia limitada en el máximo nivel. “No cabe duda que para un grupo tan joven como el nuestro, poder estar en Ciudad El Cabo sería muy inspiracional para seguir trabajando, ver qué quiero mejorar y qué quiero ser en el futuro. A mí es lo que me pasó en los Juegos Olímpicos. Ir a un evento así, con 19 años, supone una satisfacción personal impresionante. Aparte dices, qué guay, he conseguido llegar aquí, y a dónde quiero llegar, y cómo quiero llegar la siguiente vez”, manifiesta la tres cuartos guipuzcoana, para quien la presión añadida por tratar de mantener el pleno de presencias leoninas en las Copas del Mundo son gajes inherentes al oficio.  

Creo que si eres deportista de alto nivel, tienes que convivir con ello. Si no hay presión, no es deporte de alto nivel. Entonces creo que es esencial. Somos un grupo que todavía está aprendiendo a gestionarla. No es lo mismo llevar 10 años en el alto nivel, que llevar uno, dos o tres. Somos conscientes de ello. Se nos ve en los torneos que muchas veces vamos de menos a más, o tenemos irregularidades. En eso consiste la madurez y la experiencia. La estamos cogiendo e intentando gestionar la presión de la mejor manera posible. Esperemos que nos salga lo mejor en el clasificatorio”.

 

El bronce cosechado en Cracovia, en la serie final del Campeonato de Europa disputado hace un par de semanas, ha sido un espaldarazo importante a nivel tanto deportivo como anímico para un grupo que venía de sufrir lo indecible para mantener su plaza un año más en las HSBC World Rugby Sevens Series y de un agridulce desempeño en la primera manga del torneo continental. “Creo que el nivel de preparación mental fue clave. Algo que, quizás, en Lisboa, nos faltó. También el entorno en el que estás, que no se parece tanto a lo que estamos acostumbradas en las Series Mundiales. Estar enchufadas y esa activación previa a la competición creo que es súper importante. En Lisboa nos faltó, y sí lo tuvimos en Polonia. Después un poco el ceñirnos al sistema, ir todas a una, trabajo en equipo… se ha notado también y nos ha dado momentos muy buenos. También nos ha hecho creer que podemos hacerlo bien por lo que nos ha dado a nivel contacto y de mover el balón. Todo ello nos va a dar confianza de cara a Bucarest“, señala la internacional vasca tanto en XV como en 7s.    

El perverso sistema de competición en el torneo de la capital rumana obligará a España a buscar el liderato del grupo en el que está encuadrada, junto a Suecia, Portugal y Polonia, en aras del cruce de cuartos más asequible posible, ya que el resultante de dicha eliminatoria otorgará el billete directo al país del Arco Iris. Sin margen para el error. “Creo que debemos ser conscientes de ello, que no habrá segundas oportunidades. Entonces tenemos que ser rigurosas e ir con la mente fría, pero sabiendo que vamos ‘a la guerra’. No podemos fallar. Hay que ir partido a partido y hacer sólo mi trabajo, todo mi trabajo, como hicimos en el Mundial anterior, que era, o ganas el primer partido y subes, o pierdes y bajas. Y esto tenemos que tomarlo así, pero sin frustrarse. Simplemente, partido a partido. Ya está”, afirma resuelta la mayor de las hermanas Erbina (Lide también es internacional absoluta en ambas disciplinas), quien asume con donaire su papel de veterana en grandes batallas rugbísticas cuando la ocasión lo requiere.  

“No suele ser algo habitual que las chicas te pregunten por los Juegos o por el Mundial. Simplemente a veces, en los momentos de ocio o en las comidas, sí que hablo mucho y cuento anécdotas, o les intento ayudar con alguna experiencia positiva o negativa, para intentar volver a repetirla o no. Intento transmitirles cuando vemos, por ejemplo, que todo está negro, pero que puede ser posible… Cosas con las que a mí, en su día, las veteranas me ayudaron. No es algo constante, pero a veces intento ayudarles con eso”, explica este ‘culo inquieto’ que a sus 25 años ha disfrutado de un buen puñado de experiencias vitales, casi siempre con la oval como excusa. 

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Es cierto que me he movido bastante. Eso tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Mi equipo de toda la vida es el Ordizia, que es el de mi pueblo y en el que he crecido, pero equipo de chicas como tal, de sentirlo, no lo he tenido nunca porque empecé a jugar con chicas en Hernani, luego buscaba un nivel más alto y me marché a Bayona, pero estaba en el Instituto. Después, cuando me fui a la universidad, firmé por el INEF de Barcelona, y luego me vine a Madrid, al Cisneros… Al final me he movido un poco por mis circunstancias personales. Por una parte me gusta conocer otros equipos, otras ciudades, quizás porque me encanta viajar y conocer sitios, y eso también influye. Pero, de otra parte, me gustaría tener también mi equipo de chicas como tal, un sitio donde me encuentre como en casa que vaya más allá de lo que representa para mí Ordizia como club, al que considero mi hogar”.

Con su decisión de emigrar, hace un año, a Francia para defender los colores del poderoso Stade Toulousain, la ordiziarra buscaba dar un salto cualitativo a su carrera deportiva, conocer de primera mano lo que significa competir semana tras semana en una de las mejores competiciones ligueras del planeta en versión femenina. El balance global no ha podido ser más positivo. “Ha sido una experiencia estupenda porque ha sido como salir de mi zona de confort. Vivía en Madrid y estaba en mi entorno mega cómoda, así que fue un salto difícil, duro, pero estoy súper orgullosa. Creo que también me ha hecho madurar. Me he llevado un gran aprendizaje y el poder vivir en un entorno profesional como nos merecemos. Creo que en otros entornos no me he sentido tan valorada como deportista del modo que me he sentido allí, donde te tratan como lo que te mereces, y te hacen sentir como tal. Entonces me parece muy importante eso”, asegura.       

Y añade: “En lo deportivo el nivel ha sido el mejor porque hemos salido campeonas de Francia; y a nivel personal también me ha gustado mucho. Como estás viajando mucho por la selección, tienes que hacer un gran esfuerzo para afianzar relaciones estrechas con el equipo y tener esos pequeños momentos con las chicas que te permitan crear ese vínculo tal y como me gustaría, porque soy una persona muy abierta. En ese sentido, creo que ha estado superbién”.

Volver de Bucarest con el billete para el Mundial de Sudáfrica en el bolsillo sería, para Amaia, ponerle un broche de diamantes a la temporada con el que seguir alimentando su álbum de imágenes inolvidables como leona, en el que Río de Janeiro y San Francisco ocupan un lugar preeminente. “Sí que recuerdo los Juegos Olímpicos como algo muy guay. Y la Copa del Mundo, también. Los Juegos fueron algo superespecial porque, aunque fueron tres días de competición, para mí fue muy progresivo porque fui la última incorporación del grupo. El primer día no jugué un minuto, el segundo jugué poco y el tercero acabé con superbuenas sensaciones. En San Francisco pasó algo parecido. El primer día contra Fiyi salí contenta a nivel grupal, pero no personalmente. Luego, el último día, fue mucho mejor. Así que tengo muy buenos recuerdos del final de los dos eventos. Ojalá se repitan”, concluye.