No por esperada la noticia es igual de triste y dolorosa. El exfutbolista y comunicador Michael Robinson, además de un apasionado del rugby por el que tanto hizo en España, falleció este martes en su casa de Marbella a los 61 años a causa de un mieloma que le diagnosticaron en otoño de 2018 y que él mismo se encargó de anunciar. “Siento ser portador de malas noticias, no me han dado esperanzas”, dijo unos días antes de morir. Desde la Federación Española de Rugby (FER) nos unimos al dolor de su familia y amigos, a quienes enviamos nuestro más sentido pésame.

Nacido en Leicester, Michael inició su carrera como futbolista en 1975. Lo hizo en el Preston North End, para después de jugar en el Manchester City y el Brighton. En 1983 recaló en su querido Liverpool, con el que hizo historia pese a jugar tan solo dos temporadas. No en vano con los reds ganó la Copa de Europa de 1984. Tras jugar en el Queens Park Rangers y jugar 24 partidos con Irlanda al tener su madre antepasados irlandeses, en 1986 llegó a la ciudad de Pamplona, y no de Osasuna como pensaba él cuando fichó por el equipo navarro y fue incapaz de encontrala en el mapa…

Dos temporadas en El Sadar pusieron fin a su carrera por culpa de las lesiones, aunque si el fútbol perdió un delantero que lo remataba todo, el periodismo deportivo ganó un gran comunicador. Además de revolucionar la manera de analizar el fútbol en Canal+ con ‘El día después’, Michael también contribuyó a la difusión del deporte con otros programas como ‘Informe Robinson’, en Movistar, y ‘Acento Robinson, en la Cadena SER, en los que siempre encontró un hueco para el rugby y contó con la inestimable ayuda de su hijo, Liam, y del ex internacional español Diego Zarzosa, con quien compartió su otra gran pasión.

Liam Robinson, con la camiseta de la Selección española de Seven

Su hijo Liam, nacido en Liverpool en 1986, a pocos meses de que su padre fichara por Osasuna, llegó a debutar con la Selección española, aunque en su caso en la de Seven. Su padre le inculcó la afición por el rugby, aunque fue durante sus estudios en Escocia cuando lo empezó a jugar en serio. En Leicester no pasó el tiempo suficiente para ser seleccionado por Inglaterra y con Escocia pudo, pero le hizo más ilusión jugar con España.

Su padre siempre permaneció muy vinculado al rugby y en 2009 incluso impulsó un proyecto de liga profesional que llevó por nombre Super Ibérica, en principio con seis franquicias y abierta a Gibraltar y Portugal, aunque desgraciadamente no cuajó. Sin embargo, Robinson permaneció hasta el último momento vinculado al rugby español, siempre dispuesto a ayudar en su crecimiento. “No le tengo miedo a la muerte, pero me produce tristeza despedirme de mi familia antes del minuto noventa”, dijo Robinson con ese sentido del humor que nunca perdió y que siempre acompañará su recuerdo. Descansa en paz, Michael.