La historia de Manu Ordás y Guillaume Rouet con el XV del León comenzó a escribirse hace más de ocho décadas, en concreto cuando Flora dos Santos, Manuel Ordás y María de los Ángeles Rivas dejaron atrás León y Málaga en los días finales de la Guerra Civil, huyendo del hambre y del horror de un conflicto fratricida, en busca de una vida mejor al otro lado de los Pirineos. Una huida hacia adelante que el tiempo y el destino transformaron en viaje de vuelta para sus nietos, que desde hace apenas un año forman la ‘bisagra’ de referencia del combinado que dirige Santi Santos.

Nacidos ambos en Bayona y criados a los pechos deportivos del popular Aviron, el apertura y el medio melé comparten también la responsabilidad de galvanizar el juego ofensivo español, marcar el rumbo de una escuadra obligada a imponer su mayor talento y su talante este domingo a una Rumanía que tratará de desactivar desde el puntapié inicial la conexión vasco-francesa en su versión leonina

“Tenemos que enfocar toda nuestra energía en el partido del domingo porque es una final. Sabemos lo que hicimos allí, y eso debe servirnos para no incurrir en los mismos errores. Creo que si somos fieles a nuestro estilo y jugamos a nuestro nivel los 80 minutos, tendremos el triunfo al alcance”, comenta Manu abriendo el juego para variar y sin que sirva de precedente. 

“Para mí el aspecto fundamental será la disciplina. El año pasado, en Botosani, llegamos a jugar con dos hombres menos, y así es imposible ganar un partido. Sabemos que tienen delanteros muy fuertes y muy muy duros, que buscan todo el tiempo el contacto. Por eso hay que tener la cabeza fría y cumplir el plan de juego sin desviarnos un milímetro. Tendremos que ser muy disciplinados, no forzar golpes de castigo, evitar las tarjetas y tener una muy buena defensa. Y cuando tengamos el balón, dar mucha velocidad a nuestro juego. Tenemos más calidad que ellos, así que si logramos imponer nuestro estilo y nuestro juego, creo que ganaremos”, reafirma Guillaume sobre el partidazo de este domingo en el Central de la Universidad Complutense (12:45 horas, en directo por Teledeporte).  

El experimentado medio melé valora muy positivamente los triunfos obtenidos ante Países Bajos y Rusia, pero avisa de la necesidad de seguir creciendo como colectivo y de pulir ciertos detalles defensivos para mantener viva la llama mundialista una vez concluya el choque con los Robles. “El año pasado fallamos en partidos que pudimos ganar, y eso no nos dejó margen para equivocarnos. De momento vamos bien, pero ahora nos quedan por delante otras dos finales, y sólo nos vale ganarlas si queremos conseguir la clasificación directa. Si no lo hacemos, será que no merecemos ir al Mundial. Pero en este momento no pensamos en otro resultado que no sea ganar el domingo a Rumanía”.  

Las muchas horas de vuelo que han compartido sobre el verde con el Aviron Bayonnais (Pro D-2 francesa), donde juegan juntos desde hace seis años, son un valor añadido del que se aprovecha la Selección cada vez que el dueto que marca las pautas del juego se calza la elástica roja. “Sí, claro que es una ventaja porque nos conocemos muy bien y sabemos cómo suele desenvolverse el otro en el campo. Luego además somos dos jugadores a los que nos encanta meterle mucho ritmo a los partidos, así que resulta estupendo que podamos jugar juntos también con los Leones“, explica Ordás.

El apertura de 24 años, que debutara con España en el Rugby Europe Championship del pasado ejercicio frente a Portugal, confiesa que “tenemos una serie de automatismos que llevamos tiempo trabajando en nuestro club. Yo sé, por ejemplo, cuándo Guillaume va a querer meterle una marcha más al juego, con lo que voy a actuar en consonancia para responder a lo que él quiere. De hecho basta con mirarnos para saber lo que va a hacer el otro“.

Veterano curtido en mil batallas en el Top 14 galo, una de las mejores competiciones nacionales del planeta rugby, el pequeño Rouet asumirá un partido más (y con el del domingo serán ya 27) ese rol de arquitecto jefe del conjunto que comanda Santi Santos desde el banquillo con la confianza y serenidad que le otorga esa basta experiencia acumulada a sus 33 primaveras, aunque asegura que defender la camiseta de su club está en otro contexto diferente al de hacerlo con los Leones.

“Los partidos que jugamos con España son muy diferentes a los del Aviron, más que nada por el ámbito de cada competición, pero es indudable que la experiencia que hemos ido sumando en Bayona con nuestro club es un plus que siempre tratamos de mostrar aquí, en la Selección. Los dos jugamos en puestos que tienen una gran responsabilidad y sabemos que si hacemos las cosas bien, es algo que beneficiará al juego del equipo. Por eso es muy importante que nuestra experiencia se muestre en la cancha, para potenciar la confianza del resto del equipo”. 

Lo que no alberga dudas en ninguno de los dos generadores de juego es que si hay un combinado nacional en el mundo, aparte del francés, donde su manera de concebir el rugby encaja como si fuera la última pieza de un rompecabezas, ése es precisamente el XV del León. “Para nosotros es una suerte porque somos dos jugadores a los que nos gusta ponerle velocidad al equipo, jugar mucho a la mano, pasar rápido el balón, y eso España lo hace muy bien. Es el estilo que nos gusta y con el que más cómodos estamos. Hay selecciones que suelen jugar muy duro, buscando todo el tiempo el contacto. Ese escenario no va con nuestras características, pero aquí hemos encajado a la perfección y siempre es un placer venir a defender la camiseta del León”, apunta Ordás, mucho más ducho en la lengua de Cervantes que su coequipier. 

Poder disputar una Copa del Mundo en el país que les vio nacer es algo que ambos tienen grabado a fuego en sus cabezas. “Sin duda. Si nos clasificamos, jugaremos delante de la familia y los amigos, así que será sin ninguna duda algo muy especial para nosotros, algo que ocurre solo una vez en la vida. Sería inolvidable. Es una motivación extra que nos anima todavía más a darlo todo en el terreno de juego. No nos gustaría pensar que hubiéramos podido hacer más para ganar este partido y el siguiente, y poder estar en Francia 2023″, reconoce el medio de apertura. 

Para Guillaume, uno de los grandes damnificados del infausto Bélgica-España, serviría además para culminar felizmente una promesa que se hizo a sí mismo hace cuatro años, pero en ningún caso para mitigar todo el sufrimiento personal que le generó las consecuencias de aquella trágica derrota que privó injustamente al XV del León de acudir a la Copa del Mundo de Japón

“Podremos ir a este Mundial, pero nunca olvidaré lo que ocurrió en 2018. Sucedieron un montón de cosas después de aquel partido en Bruselas, y todas fueron negativas. En especial que a mi hermano le echaran de su club (el Narbonne) por la sanción que nos impusieron. Fue muy duro para mí. Desde aquel momento pensé que tenía que hacer todo lo posible para jugar el siguiente Mundial. Lograr esa clasificación sería el mejor homenaje a todos los jugadores que estuvieron en la anterior fase y que no han podido vivir esta aventura”. Y añade, como para terminar la jugada, que “si vamos a Francia, mi idea es dejar la Selección cuando acabe el torneo“.