XV del León: Los frentes abiertos de Kovalenko en la guerra de Ucrania

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Andrei Kovalenko (Kiev, 1971) tiene varios frentes abiertos en la guerra de Ucrania. El mítico apertura del XV del León y uno de los integrantes de aquel combinado que disputó en 1999 la única Copa del Mundo que ha tenido a España como protagonista hasta la fecha, invierte varias horas al día en cerciorarse de que sus seres queridos y amigos más cercanos, muchos de ellos varados en la pesadilla bélica desatada por Rusia a fines de febrero contra su país de nacimiento, sobreviven a una jornada más en un entorno tristemente marcado por el miedo, el horror y la muerte por doquier.

Afincado desde hace casi dos décadas en Barcelona, Kovalenko mantiene abierto un corredor telefónico con su hermana, Vladislava, quien acaba de dar a luz a su tercer vástago, Iván, motivo por el cual continúa en la capital ucraniana junto a su marido. “El niño está bien, por suerte. Y mis otros dos sobrinos, también. A ellos les mandaron a un sitio más ‘tranquilo’ al comienzo de la invasión. Han sido semanas de mucho estrés y mucho miedo por los continuos bombardeos, que les obligaban a bajar al búnker hasta 10 veces al día. Ahora que han expulsado a los rusos de las cercanías de Kiev la situación está más tranquila, aunque los ataques aéreos y el lanzamiento de misiles no han cesado. El peligro sigue estando ahí”, explica quien fuera jugador de Canoe, BUC y Barça Rugby durante su largo periplo deportivo español. 

La salida de cuentas de su hermana coincidió en el tiempo con los primeros días de la ofensiva lanzada por las fuerzas del Kremlin contra su país, cuando llegaron hasta los arrabales de Kiev. “Para hacerte una idea, es como si en Madrid hubieran llegado hasta Moratalaz. Mi hermana vive a 500 metros de la Torre de las Comunicaciones, que tiraron abajo con tres pepinazos. Las sirenas sonaban cada media hora y ella en ese estado, a puntito de parir. ¡Imagínate! Como le costaba mucho moverse, llegó un momento en el que decidió no bajar al refugio y meterse en la bañera de su casa para protegerse del posible impacto de una bomba. Lo han pasado muy muy mal”, relata Andrei con voz lacónica. 

Pese a lo complicado de la situación y el peligro latente de los bombardeos rusos sobre la capital ucrania, Kovalenko no se plantea en estos momentos tratar de sacar a su familia de aquel infierno. “Salir de Kiev ahora mismo no es nada sencillo, y mucho menos aconsejable. Hay 800 kilómetros hasta la frontera con Polonia y la carretera es muy peligrosa porque te pueden atacar desde el aire. Es un viaje ya de por sí duro en tiempos normales, así que imagínate ahora. Además, con un niño recién nacido y mi hermana todavía débil por un embarazo tan estresante… Lo más sensato es quedarse allí”, comenta al tiempo que desvela un suceso reciente que ejemplifica lo fácil que resulta perder la vida estos días en su país de origen.

“La madrastra de mi hermana vivía a unos 50 kilómetros de la capital, en una casita recién construida. Cuando dijeron que se iban los rusos, hace un par de semanas, un misil cayó al lado de su casa y reventó todos los cristales. Llamó a mi hermana para contarle lo sucedido y Vladislava le pidió a su marido que fuera a buscarla. Un día después, un segundo misil impactó de lleno en la casa y la destruyó”.    

El que fuera internacional español en 37 ocasiones sigue con la misma preocupación, y el alma a tientas, el día a día de amigos cercanos y excompañeros de sus tiempos como jugador en el Aviator Kiev y en la selección ucraniana, cuyos colores defendió antes de pegar el salto a la piel de toro para firmar por el Canoe. En el club madrileño precisamente coincidió con Oleg Zalevskiy, un tercera línea que llegó a España de la mano del propio Kovalenko y que en estos momentos se encuentra en primera línea del frente de batalla. “Oleg está combatiendo a unos 100 kilómetros al norte de Kiev. No hemos podido hablar últimamente por temas de seguridad, pero hasta donde sé, está bien. Somos buenos amigos. Compartimos cuatro años vestuario en Canoe y ganamos varias Copas”, recuerda. 

La reciente noticia de la muerte en combate de Oleksei Tsibko, excapitán y exPresidente de la Federación Ucraniana de Rugby, sumió al exLeón en una profunda tristeza. “Era un gran tipo. Teníamos bastante trato porque los dos salimos del mismo club, aunque no llegamos a coincidir en el tiempo. Él era unos años mayor que yo. Por desgracia no ha sido el único rugbier que ha fallecido en esta guerra. Hasta donde he podido saber, hay un par de chicos más jóvenes que también han caído”, desvela. 

Ciudades como Bucha, Irpin, Mariupol, Borodyanka, Makariv o Kramatorsk, hasta hace apenas dos meses desconocidas para el gran público, han entrado tristemente en esa lista negra de la ignominia humana con las masacres de centenares de civiles inocentes, llevadas a cabo por las fuerzas invasoras rusas sin ninguna razón más allá del odio, el fanatismo, la brutalidad gratuita y el pillaje. Un sinsentido más que añadir a un conflicto que ha puesto patas arriba la apacible vida de 41 millones de personas sin saber muy bien por qué. 

“Es difícil de asimilar todo lo que está pasando porque ucranianos y rusos éramos hermanos. Mi madre, sin ir más lejos, era rusa, y también el padre de mi mujer. Estamos muy mezclados. Es cierto que las relaciones se habían enfriado un poquito desde 2014, con todo lo que pasó en el Donbás, pero nadie podía pensar que entrarían en Ucrania y matarían gente inocente como están haciendo. ¡Jamás! A veces piensas, ¿Cómo pueden los rusos creerse lo que les dije Putin? Todo es propaganda y venderse como las víctimas. Lo sé bien porque hice la mili allí, cerca de Moscú (jugó para el VVA Mockva, el equipo del Ejército Rojo, con el que ganó un título de la Liga Soviética y dos Copas), y entonces ya escuchabas el discurso de la pobre Rusia, a la que todos quieren hacer daño. Hasta que no salías de allí, no conocías la verdad. Ahora es diferente. Con internet y las redes sociales, no me creo que los rusos se traguen todo lo que les vende Putin”, denuncia el exinternacional español.

Fotografía: E.M.

Kovalenko capitaneó hace apenas un mes un convoy solidario hasta Polonia, organizado por Ibermutua, cargado de alimentos y productos de primera necesidad, y regresó a España con 120 compatriotas que salieron huyendo del horror de la guerra. Al único rugbier que ha logrado sumar puntos con la elástica de España en un Mundial se le quedó grabada una imagen por encima de las miles que aún sigue procesando en su cabeza. “Me impactaron muchísimo las caras de las madres con sus hijos en brazos. Te estaban mirando, pero no estaban ahí. Estaban como ausentes. Hay que ponerse en su piel: lo han perdido todo. Su casa, su trabajo, su vida… Por eso muchas familias se resisten a abandonar el campo de refugiados. Tienen opciones para irse a otro país, pero prefieren esperar allí porque su deseo es regresar a sus casas y tratar de reconstruir su futuro en el lugar en el que han vivido siempre, al otro lado de la frontera”. 

Andrei se enorgullece del espíritu solidario mostrado por el pueblo español hacia sus compatriotas, uno de los que se ha volcado con mayor fruición a la hora de acoger a los cinco millones de desplazados que ha generado hasta la fecha la invasión rusa. El propio exjugador pudo constatar esas riadas de ayuda procedentes de todos los rincones de la Península Ibérica a lo largo de los 7.000 kilómetros que invirtió en hacer el viaje de ida y vuelta desde Barcelona. “Vimos un montón de coches con banderas de España recogiendo gente en Polonia. Y antes, por Francia, Alemania y Chequia. Nos cruzamos con una furgoneta de Galicia que iba a recoger a una familia entera para llevarla a su casa. Una pasada lo de la gente de aquí. Al igual que los polacos. Para quitarse el sombrero cómo están ayudando y recibiendo a mis compatriotas. Hay montones de voluntarios preparando comida, dándoles ropa, atendiendo a las madres con niños pequeños… Les dan todo lo que necesiten. Espectacular”, agradece. 

Entre sus obligaciones laborales (es conductor en una compañía de alquiler de vehículos de lujo) y las preocupaciones personales que le genera el conflicto bélico en el Este de Europa, Kovalenko apenas ha tenido tiempo de saborear la reciente clasificación de España a la Copa del Mundo del próximo año en Francia. “Ha sido de las pocas noticias felices que he tenido últimamente. Fue una gran alegría por los jugadores, el staff técnico y la afición, después de tantos años. Pude ver el partido contra Portugal en el coche. Cuando acabó y empezó la fiesta se me saltaron las lágrimas porque me recordó mucho a lo que vivimos nosotros, que también logramos el billete tras batir a Portugal, aunque no fuera en el Central, sino en Edimburgo“, rememora.  

Aunque la experiencia mundialista vino a colmar toda una carrera consagrada al deporte del balón oval, el rubicundo extres cuartos kievita confiesa que su mejor recuerdo de aquel proceso fue “el día que logramos la clasificación. Estar entre las 20 mejores selecciones del mundo es genial, pero lo bonito de verdad, lo que más disfrutas, es el camino para llegar hasta ahí, y ponerle la guinda. Esa emoción del momento en el que el árbitro pita el final y toda la gente salta al campo, la fiesta de celebración… Son momentos que vas a recordar siempre”.

Fotografía: E.M.

Antes de despedirse, quien fuera referente de aquel XV del León de fines de la pasada centuria adelanta los siguientes pasos en su particular cruzada humanitaria, al tiempo que insta al pueblo español a seguir tendiendo puentes con sus compatriotas. “Estamos organizando otro viaje, aunque no tan bestia como el primero. Pero para ello hace falta dinero y también encontrar sitios para colocar a las personas que traigamos. Y ahí estamos teniendo problemas porque ha llegado mucha gente a España (137.000 refugiados en 60 días) y encontrar acomodo a los nuevos exiliados empieza a ser complicado. Estamos hablando con varias ONGs para que nos den una mano y también con Rugby Europe, que ha abierto un Crownfunding para que el público pueda realizar donaciones que irán destinadas a apoyar al rugby ucraniano. Lo importante ahora es que esa ayuda no decaiga y la gente siga siendo tan solidaria como en las primeras semanas de la invasión porque la guerra, por desgracia, continua y hay muchísimos ciudadanos inocentes que sufren a diario sus terribles consecuencias”, finaliza. 

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