Desde el Campus de Alto Rendimiento de la Federación Española de Rugby (FER) hasta Sudáfrica, pasando por Madrid, Sant Cugat, Amsterdam, Alcobendas o Praga. El rugby de alto standing ha convertido a Zahía Pérez (Palma de Mallorca, 2004) y Claudia Peña (Barcelona, 2004) en hermanas de oval. “Nos conocimos en el Campus de la FER de 2018. Al año siguiente volvimos a coincidir. Al tener casi la misma edad, nos pusimos como reto llegar juntas a la selección y mantenernos. Al final, este año lo hemos podido conseguir, tanto en el Sub 18 como en la absoluta”. Apenas suman 35 primaveras entre ambas tres cuartos, pero su ingente talento, extraordinaria madurez y desparpajo con el cuero en las manos duplican, cuando menos, esa cifra.

Argumentos más que suficientes para que Juan González Marruecos haya apostado por la centro balear y la zaguero catalana como principales novedades en el quince inicial de la Selección española femenina de XV que buscará este viernes ante las Women Boks, en Potchefstroom (15:00 horas), no muy lejos de Kimberley, la tierra del diamante, la revancha por la afrenta sufrida una semana atrás en el Ellis Park.

El partido podrá verse en directo por RTVE Play, con la narración de Diego Martínez y los comentarios de Aroa González, y a partir del minuto 30, también en Teledeporte    

Zahía abrazó la mayoría de edad debutando con las Leonas ante Colombia, el pasado febrero. Y como buena cabra que es (nacida en enero), no ha dejado de pegar saltos cualitativos hasta colarse en el grupo de elegidas por el nuevo seleccionador para realizar la gira africana. “Está siendo una experiencia de las que no se tiene muchas veces en la vida y la estoy afrontando con muchísimas ganas. Las dos hemos venido con el objetivo de demostrar el rugby que llevamos dentro desde pequeñas, pero también a saber jugar con el equipo y que salgan bien las cosas. Estamos en un proceso nuevo, de aprendizaje y de adaptación, así que tratamos de hacer todo lo que nos propone el staff de la mejor manera posible”, comenta la mallorquina.

Claudia ha corrido tanto o más que su compinche isleña en esa meteórica carrera que le llevó a embutirse en la piel de Leona mayor en la final del último Europeo, frente a Rusia, con 17 años y cuatro meses, o a lograr más recientemente el subcampeonato continental capitaneando el equipo Sub 18 de seven. Claro que, ir a ritmo de Fórmula 1 tiene sus pequeños inconvenientes. “Haber ido siempre tan rápido te genera algo de estrés en cuanto a llevarlo con los estudios, el saber compaginarlo con la competición cuando hay que apretar con los libros. Aun así, creo que todo pasa por las ganas que tengas de llegar a lo más alto. Si ese es tu objetivo, tienes que ver en qué momento vas a priorizar unas cosas u otras. De momento estoy contenta por cómo lo voy manejando”, asevera con una madurez impropia de alguien que está a punto de empezar la carrera de Psicología. 

“Yo creo que, al final, es cuestión de trabajo. Vértigo no me da porque es algo que quiero y cuantas más cosas tenga en mi vida rodeadas de rugby, estaré encantada porque eso me aporta aprendizaje y seguir avanzando. Sí que es verdad que, a lo mejor, todo va muy rápido, pero al final se trata de afrontar las cosas de la mejor manera posible para que salgan bien”, afirma con la sensatez de una veterana la polivalente tres cuartos con aire de walkiria.

Fotografía: Walter Degirolmo

Esa capacidad que tiene este par de gemas aún por pulir para relativizar los obstáculos inherentes a su precocidad se puso de manifiesto a la hora de cambiar, de un día para otro, el chip del seven en una competición juvenil, al del XV integrando la escuadra nacional absoluta. “Al principio es complicado porque son dos mundos distintos y se juega de otra manera. Pero, al final, es el rugby que llevas dentro y, en cuanto empiezas a entrenar, coges la dinámica rápido y se cambia”, explica Zahía. “El ritmo de las sénior es mucho más alto y exigente cuando vienes de abajo, pero poco a poco te vas adaptando“, añade en la misma dirección la zaguero con cintura de trapito. 

Zahía destaca de Claudia su don de la ubicuidad sobre el manto verde. “Tiene una expresividad increíble. En un momento está aquí y en otro está allí, luego te hace un cambio de pie y te deja tirada en el suelo. En defensa, llega a todos los placajes que te puedes imaginar. Placa, se levanta y pesca un balón, y eso es algo súper positivo porque recuperamos la posesión y podemos montar el ataque. Es un puntazo jugar con ella”. 

La catalana ensalza el voraz apetito de la mallorquina en la cancha. “Siempre quiere más y es muy constante. En el campo te da muchísimo soporte. Hace un trabajo ‘invisible’ que da muchos resultados. Le estoy viendo crecer un montón, tanto en velocidad como en otras habilidades que ha desarrollado. Es una jugadora súper completa, tanto en pases como en el contrapié, por no hablar de su golpeo de balón… Nos queremos mucho. Se nota, ¿no?” (Risas).

Ese roce que han ido acumulando estos últimos cuatro años les ha convertido en inseparables cada vez que se concentran con el equipo nacional, aunque ni mucho menos de manera excluyente. El abierto carácter de Claudia y Zahía da como para repartir juego también fuera del terreno de juego. “Generalmente las dos somos personas que nos llevamos bien con todo el grupo y pasamos muchos ratos con otras compañeras, pero juntas también y ambas sabemos que si nos necesitamos en algún momento o tenemos algún problema que pueda surgir, ella va a estar para mí, y yo para ella”, resuelve la tres cuartos del Complutense Cisneros.

Fotografía: Walter Degirolmo

Ambas jugadoras quitan hierro a la dura derrota de la semana pasada en Johannesburgo, achacándola en parte a ese período de reconstrucción en el que están inmersas las Leonas. “Se ha cambiado el sistema de juego por completo de como lo conocíamos. Todo el mundo está en un proceso de adaptación y luego hace falta tiempo para que las que acabamos de llegar podamos coger la dinámica del grupo”. 

De lo que ni Zahía ni Claudia tienen duda alguna es del amplio margen de crecimiento que tiene esta nueva versión del combinado nacional femenino absoluto de XV. “Desde luego que sí. Lo que ocurre es que estamos inmersas en un proceso de cambio generacional, con gente muy joven que ha entrado al equipo junta porque, al final, muchas veteranas se han retirado casi a la vez. Estamos al principio de un nuevo ciclo que, en nuestra opinión, podemos llevarlo a donde queramos si estamos todas en la misma página. Hay mucho potencial en este equipo, con jugadoras que tienen un rugby increíble, y desde pequeñas. En cuanto pillemos todo lo que los técnicos quieren de nosotras y tengamos más rodaje, van a salir grandes cosas y podemos llegar a tener muy buenos resultados”. 

La gira sudafricana con la manada de Leonas Alfa está poniendo un inesperado broche de diamantes a una campaña de notable alto para esta prodigiosa dupla del oval patrio tras la medalla de plata obtenida en la República Checa tres semanas atrás con el combinado Sub 18 de 7s. “Pues realmente sí. Y debo decir que esa plata nos supo a oro porque el último partido que jugamos contra Francia, realmente lo ganamos porque todas dimos el 100%. Lo que pasa es que ellas están en otro nivel. Pero todas jugamos de lujo. Intentamos que nos hicieran las menos marcas posibles y guardar el balón. El partido fue una locura, aunque lo perdiéramos”, sostiene orgullosa Claudia. 

“Fuimos allí con menos concentraciones de las que nos hubiese gustado y sin saber cómo jugaba el resto de equipos, cómo venían de fuertes o lo que habían entrenado, si habían jugado antes partidos o no, pero teníamos un objetivo claro, que era intentar conseguir medalla y quedar lo más arriba posible. Al final, centrándonos en nuestro juego y confiando en nosotras, en cada compañera, logramos hacer un torneazo, sinceramente”, apuntala Zahía.

En la memoria de ambas quedará para los restos la experiencia única de haber disfrutado in situ de un duelo en la cumbre de la Rugby Championship entre los All Blacks y los Springboks, antesala de la guinda al pastel que supondrá compartir este viernes titularidad con las Leonas. “Ya se nos ponían los pelos de punta sólo de pensarlo, pues multiplícalo por mil cuando estás ahí, viviéndolo en directo. Es como un sueño que se ha hecho realidad, y al lado de la gente con la que has crecido en el mundo del rugby. Me pone muy contenta porque todo es un constante aprendizaje. Y de eso se trata: de no dejar nunca de aprender. Como el partido de mañana”, afirma para concluir, en otro arranque de madurez, la imaginativa tres cuartos del Barça Rugbi, a la sazón la jugadora más joven en ponerse la zamarra roja en la historia del rugby español. Ahí es nada. ¡Mucha suerte, pareja!