Quizás ni España sabe lo que tiene. Y tienen todo: jugadores y entrenadores de nivel, materia prima muy buena, tienen instalaciones, un país estable, excelentemente ubicado desde un punto de vista geográfico… Cuentan con todos los condimentos necesarios para que su rugby solamente crezca y pueda ser la potencia que tiene que ser, con más de 40.000 fichas. Estoy convencido de que es así. Únicamente falta un programa nacional bien llevado, que seamos socios de una idea y que todo el mundo que se involucre en el proyecto esté en la misma página”. 

Daniel Hourcade (San Miguel de Tucumán, 1958) es un hombre de convicciones de acero. Al gerente de Alto Rendimiento de World Rugby para Sudamérica, España y Portugal se le ha metido entre ceja y ceja acompañar a nuestro rugby hasta cotas deportivas que, a día de hoy, pueden parecer una quimera. Pero justo ahí entran en escena sus máximas de cabecera, ‘no desistir jamás’ y ‘arriesgar’, esas que impulsaron a los Pumas, a los que dirigió durante un quinquenio, hasta la cima del oval mundial como punta de un iceberg cimentado en el desarrollo de los jóvenes valores argentinos en los PlaDARes, o Centros de Alto Rendimiento a nivel nacional. 

Fotografía: Borja Heredero

En otras palabras, construir esa casa común del rugbier talentoso por el piso e ir levantándola peldaño a peldaño. Sin prisa, pero sin pausa. Porque este gurú del rugby global tiene el total convencimiento de que España es, como dijo recientemente en Sudáfrica el presidente de la Federación Española de Rugby (FER), Juan Carlos Martín Hansen, un “gigante dormido”, al que pretende ayudar a despertar de su letargo. “Este país es potencia en todos los deportes colectivos y no es casualidad. También en individuales. Tienen todo para ser una potencia mundial en cualquier deporte, ¿y por qué el rugby tiene que estar fuera de ese concepto? Pero no basta con decir, somos españoles, y ya. Hay que hacer un trabajo y eso es lo que estamos haciendo. Estamos seguros de que este es el camino que les va a llevar a donde les tiene que llevar”, manifiesta sin ambages el exseleccionador criollo.

No obstante, apostilla que “no es un proyecto con fecha de vencimiento. Se llega cuando se tiene que llegar. En algunos casos, como el de Chile, que estará en el Mundial de Francia, se anticipa porque se dan los resultados antes de lo que uno pensaba basándose en la realidad, pero el proyecto tiene que estar encaminado a medio y largo plazo. No va a dar resultado el próximo sábado o el mes que viene“.

Varios meses de recurrentes idas y venidas a nuestro país han permitido a Hourcade realizar un diagnóstico fiable de lo que necesita el rugby español para lograr que su crecimiento en los más altos estándares sea sostenido y constante en el tiempo. “Aquí hay muchas ideas, pero como que hay quien hace cosas muy buenas, otras más o menos, otros hacen distinto… De ahí nuestra propuesta de tener un programa nacional, una misma línea, una misma metodología. Si un chico está viviendo en Madrid y, por la cuestión que sea, se tiene que ir a Valencia o Barcelona, cuando vaya al Centro de Alto Rendimiento de una de esas ciudades lo único que le va a cambiar es la cara del entrenador, pero va a trabajar de la misma manera. De eso se trata, de que sea un programa nacional, no de un club. Que la mejora sea para el rugby de España“.

      

El ABC del proyecto que ha empezado a desarrollar la FER bajo la batuta de Raúl Pérez, director técnico de XV, y Mar Álvarezcoordinadora de la preparación física de todos los equipos nacionales, es, en palabras de Hourcade, “simple. Capacitar entrenadores para potenciar y formar mejores jugadores. Que los jugadores aprendan en un ámbito donde se pueda personalizar y trabajar los pormenores. El alto rendimiento es eso: la diferencia no está en lo general, está en el detalle. Cuando uno entrena a un equipo, chicos y chicas llegan de una manera y no hay tiempo para fijarse en detalles porque tenemos que competir el fin de semana. Ese trabajo se desarrolla en lo que nosotros llamamos academias. En definitiva, se trata de formar al jugador, trabajando sus destrezas básicas y mejorándolo técnica y físicamente. Así, cuando vaya a su equipo o a la selección, el técnico decidirá a qué quiere jugar”.

Y agrega: “Si ese técnico no tiene al jugador formado debidamente, no va a poder jugar a lo que quiere porque va a fallar en la acción individual. Es decir, que cuando un jugador falla un placaje, no falla el equipo, falla la acción individual. Contra eso, no hay nada que hacer. Estas academias a lo que se dedican es a darles el tiempo suficiente, determinar las virtudes y debilidades de cada uno, que el jugador lo sepa y, obviamente, capacitar a los entrenadores para que tengan el ojo en el sitio justo para poder corregir lo que el jugador necesita para mejorar”.

Inmerso ya en plena master class, el poderoso torrente de voz que emana de la garganta del veterano técnico tucumano se afana en explicar los vericuetos del proyecto recién parido. “El trabajo a desarrollar va mucho más allá de la figura del entrenador: estamos hablando de coaching, preparación física, nutricionistas, fisioterapeutas, analistas de vídeo… Todo lo que requiere la formación de esos recursos humanos que conforman un staff. Todos tienen que estar preparados para saber qué hay que corregir, llegado el momento. El jugador debe saber qué debe mejorar, y cómo hacerlo. De eso se trata”.

Fotografía: Rugby Europe

Por eso insiste en la imperiosa necesidad de arrancar desde los cimientos el trabajo del jugador de talento, ése cuyo ingente margen de crecimiento le permita acceder a los Centros de Alto Rendimiento para desarrollar todo su potencial. “Lo primero es aprender a hacer las cosas simples bien. Es decir, un proceso de alto rendimiento primero tiene la mejora física y técnica de los jugadores. Luego, a ese grupo de jugadores hay que buscarle un nivel de competencia intermedio. Es decir, por encima del que están habituados, pero sin que sea un salto demasiado grande, para luego ya poder competir en el primer nivel. Ahora estamos arrancando con esto de las mejoras física y técnica en las academias. Luego está la competencia: ahí sólo habrá que ajustar algunas que ya tienen y acomodarlas para que estén bajo el control de la FER”.

El Huevo, apodo por el que se le conoce mundialmente, es consciente de que este proyecto, aunque avalado por World Rugby, es susceptible de generar voces discordantes, pero no tiene duda alguna de que acabará calando, como sucedió en su Argentina natal, donde seis años después de implementarlo los Pumas llegaron a disputar una semifinal de Copa del Mundo con la base de jugadores moldeados en sus academias.

“Cuando se producen este tipo de situaciones de cambio, siempre se genera cierta desconfianza porque no saben bien a dónde van. Es precisamente eso lo que queremos ahora, que todo el mundo confíe en lo que se está haciendo, que es para la mejora del rugby de España. Una vez que esa confianza esté, todo camina. Estoy seguro que a todos les va a gustar tener la posibilidad de mejorar, de saber cómo hacer para lograrlo y tener las herramientas para que eso pase”, asevera. 

Reconoce el experimentado estratega argentino que la ausencia del XV del León en el Mundial de Francia es un pequeño contratiempo, aunque el orden no altera un ápice la hoja de ruta marcada. “Hubiese sido mucho más importante poder estar, igual que las chicas en Nueva Zelanda, sin ninguna duda. Lo ganaron en el campo, hay un esfuerzo de muchos chicos y es realmente lamentable que no lo puedan disfrutar. Pero eso no va a cambiar la idea del proyecto. Seguramente se hubieran acelerado algunos pasos con el Mundial en un montón de aspectos, pero eso no quiere decir que dejamos todo de lado por no ir a Francia. Al contrario, hay que redoblar la apuesta y pensar en lo que viene. Como en la vida, cuando pasa algo malo hay dos caminos: o me quedo en el lamento o veo cómo hago para salir de esto y seguir para adelante. Esa es la decisión que se ha tomado y en la que está España”.

Fotografía: Walter Degirolmo

Antes de poner el broche a la charla, Hourcade se proyecta en el tiempo con una frase de la escuela neerlandesa de fútbol que, confía, se convierta en la línea de meta a la que acabará llegando el rugby español. “Cuando se juega bien, los resultados llegan. ¿Lo decía Cruyff? No lo sabía y, obviamente, no me animo a que me pongan en comparación con Johan Cruyff, pero es así. Creo que cuando se juega bien, solamente vas a perder si el otro es mejor. ¿Y cuál es el problema que el otro sea mejor? Vas a jugar contra los All Blacks y son mejores. Eso es así y no es un problema. El objetivo no tiene que ser ganar, porque ganar no es sinónimo de éxito. Eso es algo muy importante a tener en cuenta. Pero en general, cuando estás en un mismo nivel, si juegas bien, los resultados son una consecuencia”.

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