Álvar Gimeno pide al Central que “ruja como si fueran 50.000” contra Rumanía

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A Álvar Gimeno (Valencia, 1997) se le ilumina la vista cuando escucha hablar de Nueva Zelanda o de Carisbrook, aquel mítico estadio al que apodaban The House of Pain (La Casa del Dolor) por las zurras que los All Blacks propinaban a todo enemigo que pisaba el centenario verde del coloso de Dunedin, que pasara a mejor vida en 2013. El poderoso centro del VRAC Quesos Entrepinares descubrió aquella atmósfera mágica con doce añitos, durante el período que pasó en la academia del Burnside RFC, en la vecina Christchurch, y le marcó para los restos. “Fue algo maravilloso. Nos fuimos allí para celebrar el 50 cumpleaños de mi padre y estuvimos todo el verano. Si tuviese que explicar con palabras aquella experiencia, la definiría como filosofía de vida. Aquello es totalmente diferente a cualquier lugar que haya conocido. Me enamoré del país y voy a volver sí o sí”, afirma sin derecho a réplica. 

Mientras llega el momento de regresar a las Antípodas, el guerrero valenciano con nombre medieval se conformaría con que el también célebre coliseo de Ciudad Universitaria entre en ebullición este domingo y sea una casa del dolor en toda regla para Rumanía (12:45, en directo por Teledeporte), a la que el XV del León tiene que doblegar para estar un poquito más cerca de sellar ese pasaporte directo rumbo a la Copa del Mundo de Francia 2023

“Por estar en un Mundial se hace lo que sea y espero que el Central nos apoye con el mismo vigor de siempre o más, si cabe. Es una pena que sólo puedan entrar 5.000 personas, pero estoy seguro que van a rugir como si fueran 50.000. Creo que es una suerte para nosotros tener estos dos partidos decisivos en casa, jugando en el Central, que va a ser un jugador más. Además de Kawa, que ya sabemos que va a estar también ahí para completarnos”, asegura con rotundidad Álvar. 

Los Robles son justo eso, un rival duro como un árbol que tratará de plantear un choque de ritmo intermitente, con muchos contactos. Pero España los ha estudiado al milímetro y sabe muy bien lo que tiene que hacer para rebatir los argumentos de la escuadra del Este de Europa. “Ellos son muy fuertes en touche y en maul, así que todo pasa por no cometer golpes de castigo. Con lo que cuesta ganar metros atacando a un equipo así, imagínate que te pitan un golpe en contra y te ganan 40 metros. Son cosas en las que no debemos caer”. 

Con todo, avisa que será un duelo equilibrado. “Sabemos cuáles son sus fortalezas, pero también conocemos sus debilidades, igual que sabemos las nuestras. Va a ser un partido muy difícil, de esos que gusta jugar siempre y disfrutarlos. Más aún estando de por medio un Mundial, que es algo único en la vida“, reconoce a quien un sector de la prensa apoda El Cid por esa bravura que suele impregnar a sus acciones. 

Lo cierto es que sus números luego de los dos primeros encuentros del Rugby Europe Championship 2022 reflejan la relevancia que el centro levantino tiene en la línea de tres cuartos hispana, aunque Álvar prefiere repartir los méritos con el colectivo. “Soy uno más. Me dedico a hacer mi trabajo. Ha coincidido que el equipo está bien y eso me da la vida. Puedes estar bien a nivel individual, pero lo importante es que lo esté el equipo y lograr la victoria. Rezaría porque no se me vea nada en el partido y ganar. Eso es lo único que cuenta”, confiesa. 

El jugador del VRAC lamenta el pobre arranque que tuvieron hace un año en esta cruzada mundialista, si bien valora como muy positivo que el equipo se enchufara a tiempo gracias a aquellos triunfos en la recta final de 2021. Y que esa inercia ganadora perdure en la actualidad. “En el torneo pasado no estuvimos igual de finos, aunque por suerte lo acabamos bien, con esas dos victorias con bonus, que nos han permitido afrontar con vida este Europeo y seguir dependiendo de nosotros mismos, así que genial. Estamos muy contentos, pero al mismo tiempo sabemos que este partido es otra final y Rumanía es un equipazo. Así que a por ellos“.

Y es que el sueño de estar en un Mundial mueve montañas. “Lo daría todo por estar el año que viene en Francia. Creo que tanto los jugadores como el staff nos lo merecemos. Después de todo lo que nos ha pasado, sería como un sueño hecho realidad. No se puede pedir nada más. Y está al alcance de la mano. Lo tenemos ahí. Pero hay que ir paso a paso. El partido importante siempre es el que viene, y ese es el de Rumanía”, señala quien tomó la decisión de regresar al rugby patrio, luego de dos temporadas en Beziers (Pro D2 francesa), pensando en los compromisos de enjundia que se venían con el XV del León.   

“Volver al VRAC fue por un cúmulo de cosas. Hay una balanza y tienes que poner unas cosas de un lado, y otras de otro. Evidentemente sabía que empezaba un año en el que iba a estar mucho con la Selección, pero hubo más factores: lo personal, venir a vivir otra vez a España… Al final decidí regresar a Valladolid, que siempre me ha tratado genial, y donde tengo muy buenos amigos. El Quesos me cuida mucho y se ha partido la espalda para que yo esté a gusto con mi novia, y eso me da una tranquilidad mental que probablemente no me podía aportar Francia”, explica un Álvar que sólo tiene palabras de gratitud para el club que le dio la oportunidad de conocer de primera mano el rugby en el país vecino y lo que él mismo denomina la “profesionalización completa”.

Poseedor de un máster en Gestión Deportiva, nos adelanta cuál sería su trabajo ideal para cuando decida colgar las botas. “Si pudiese elegir, que la FER tuviera unas instalaciones sólo de rugby, como tienen otros países, y tener la oportunidad de formar parte de ello. Me encantaría gestionar esas instalaciones, tener un estadio con dos o tres campos de entrenamiento, poder organizar eventos… Y si fuera en Valencia, mejor aún”, concluye entre risas, recordando que en su lista de sueños por cumplir la prioridad la tienen Francia 2023 y volver a disfrutar del mejor oval del planeta en Nueva Zelanda.