La crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus ha atacado con virulencia a toda la población española y han sido y siguen siendo muchos los hombres y las mujeres que luchan en primera línea para aliviar la situación y asegurarse de que todos podamos disponer de los bienes de primera necesidad.

Es el caso de Irene Moreno, jugadora del Corteva Cocos Rugby, más conocida por sus compañeras y amigas por su mote de Piloto,  quien ha estado volando con la compañía aérea para la que trabaja para traer material sanitario y EPIs a nuestro país. «El 90% de los vuelos de mi compañía son de carga y no es raro que transportemos mercancía farmacéutica», cuenta Irene, para añadir que «en estos meses se han fletado vuelos exclusivos para transportar material sanitario, como mascarillas y EPIs. No sabría decir en números cuántas unidades hemos transportado hasta España, pero en un solo vuelo pueden cargarse 3.500 kilos de material e incluso se fletó un avión con más de 5 toneladas».

Aunque poco a poco parece que la situación se está normalizando, en los primeros compases de la emergencia sanitaria a Moreno le tocó «hacer más vuelos fuera de los regulares para abastecer a los sanitarios y a población en general del material que tanto se necesitaba en esos momentos».

Irene lleva ya cuatro años practicando rugby, y esta temporada se ha proclamado campeona de la Liga Iberdrola con el Corteva Cocos Rugby. Desde que pusieron un oval en sus manos, reconoce que le enganchó gracias a una amiga que le insistió en probarlo. «Siempre había hecho deporte individual y me apetecía probar una disciplina colectiva. Fui a entrenarme un día de puertas abiertas y me encantó el ambiente. Me pareció todo un reto y desde entonces estoy enganchada».

Sin embargo, no es fácil compaginar el mundo de la aviación y el del rugby, aunque la joven piloto reconoce que tiene suerte, ya que sus compañeras y compañeros de vuelo le ayudan mucho. «Me pido los días libres en el trabajo para los partidos y siempre me los conceden«, cuenta Irene. «Hay meses que puedo entrenarme mucho y otros muy poco, ya que mi base principal de trabajo es Barcelona aunque viva en Sevilla. Muchas veces también tengo que hacer viajes a Europa y he llegado a cogerme un vuelo Barcelona-Sevilla sin haber estado ni 24 horas en suelo catalán para llegar al entrenamiento. Yo me lo tomo como las jugadoras que tienen que hacer una hora de autobús para llegar al campo».

Fotografía: Juan Carlos Ogazón

Su historia con el pilotaje no es menos curiosa, ya que es la primera de su familia en interesarse por este mundo. «Desde pequeñita me llamaba la atención. Viajaba mucho con mis padres y me gusta mucho el tema del motor. He corrido en moto muchos años y era lo siguiente que me faltaba por conducir. Cuando terminé el Bachillerato lo tenía como un sueño inalcanzable, pero mi padre me animó a perseguir mi meta y finalmente lo conseguí». 

Lo que deja claro Irene es que «es verdad que en el mundo de la aviación las mujeres somos muy pocas, pero igual que en el rugby, cada vez hay más. Solo en mi flota somos cuatro, que ya son bastante, y tengo que decir que nunca he notado diferencia de trato hacia mí por ser una mujer piloto».

El mundo del oval, según relata la jugadora de las Cocos, le ha ayudado además a convertirse en una mejor piloto. «A mí me ha ayudado más el rugby a volar que el pilotaje al rugby. Hay una cosa en aviación que se llama CRM, que es hacer equipo con tu compañero con el que vas volando, entender a la otra persona, ponerte en su lugar. Me costó mucho adaptarme a pensar en las otras 14 jugadoras que están en el campo, pero cuando lo conseguí, me sirvió también para trasladarlo al trabajo en equipo que hay que hacer en la cabina».

«Cada vez que vuelas, es todo con procedimientos, muy cuadriculado, no se deja nada a la improvisación para que no haya errores, accidentes ni incidentes», relata Irene. «Somos personas muy cuadriculadas y esa disciplina que te inculcan desde la escuela también me ha ayudado en el mundo del rugby. Esos valores de respeto a los demás, a tus compañeras, al árbitro, al contrario, al entrenador, el compañerismo, la solidaridad, la pasión… Creo que son valores que comparte la aviación con el mundo del rugby».

Hablando con ella se ve claramente su amor tanto por su profesión como por el oval, y confía en que todavía le quedan muchos partidos en las piernas. «Yo o doy todo, o no doy nada. No se hacer las cosas a medias». «Los años que pueda jugar, ya que he empezado tarde, quiero aprovecharlos al máximo», asegura. «Al final mi vida está ligada al rugby, me enganché totalmente. Mis compañeras de rugby en Sevilla son mucho más que eso, son mis amigas. Siempre estamos haciendo cosas juntas y hemos formado una gran familia en el club».

En cuanto al título de la Liga Iberdrola, cuenta que «realmente no lo hemos celebrado, no se ha podido. Cuando nos dieron la noticia, nos llamamos por teléfono y estábamos contentas porque en los últimos años el equipo ha crecido una barbaridad, hemos ascendido y era una recompensa a todo ese trabajo bien hecho. Pero a la vez era una situación extraña porque a todas nos hubiera encantado poder jugarlo en el campo y celebrarlo exhaustas tras 80 minutos abrazando a todos nuestros seres queridos que estuvieran en las gradas». Eso sí, si algo tiene claro Irene Moreno es que «algo haremos cuando termine todo esto, porque el trabajo de este staff y jugadoras en solo dos años ha sido fantástico».