Esther Rocha, arquitecta técnica y jugadora del MAD Rugby Boadilla, equipo de la regional madrileña, ha sido noticia en El Confidencial por su gesto de regresar a su pueblo a recoger espárragos como una temporera más tras quedarse pendiente de conocer el resultado de las oposiciones al Ayuntamiento de Madrid a las que se ha presentado y no poder tampoco ni entrenarse ni jugar con su equipo. El pueblo de Esther es Fontanar, a 10 kilómetros de Guadalajara, donde faltaba mano de obra por la ausencia especialmente de trabajadores búlgaros.

Como cuenta la jugadora manchega, tras decretarse el estado de alarma “había que mantener la economía, que bastante se está hundiendo, y no podía quedarme en Madrid de brazos cruzados. Sabía que en mi pueblo había riesgo de que se perdieran las cosechas al no tener quién recogiera los espárragos y, aunque esto es algo que nunca había hecho, no lo dudé. Es mi granito de arena, generar impuestos con lo poco que gane”.

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Esther, todo un ejemplo de los valores que se intentan inculcar en el rugby, solo descansa los días que llueve, pues el tiempo para la recogida apremia. Aunque se ofreció al verse físicamente preparada, ella no está saliendo al campo, sino que está en la nave, donde el trabajo también es duro, pero, como bien destaca, lo más importante es la labor en equipo. “De hecho, me recuerda al juego del rugby y a las muchas cosas valiosas que aprendes en este deporte”, comenta.

Esther, con mascarilla, junto a una compañera que se la quitó para la foto

Como muchas chicas de su generación y a diferencia de lo que afortunadamente sucede en la actualidad, Esther Rocha tomó contacto con el rugby en la universidad. “Fue hace 15 años, cuando empecé la carrera de Físicas en la Universidad Complutense de Madrid y jugué con la selección politécnica”. Al año siguiente cambió de estudios y entró en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, también en Madrid, mientras que en lo que al rugby se refiere se enroló en el Scrum RC, antes de que este se fusionara con el XV Sanse Rugby Club y pasara a ser lo que hoy conocemos como el Sanse Scrum Rugby Club, uno de los clubes punteros de la División de Honor.

“Entonces éramos solo cuatro equipos, no como ahora que está la Liga Iberdrola, la División de Honor B… Es impresionante lo que ha crecido el rugby femenino en España, aunque ya en mis tiempos hablábamos de que las Leonas debían jugar el 6 Nacionales dado su nivel”, comenta Esther, quien también vivió una experiencia rugbística nada menos que en China. “Jugué en los Shenzhen Dragons, donde a falta de jugadores, el rugby era mixto, y una vez que su presidente vino a España se quedó sorprendido del desarrollo y el nivel de nuestro rugby, y especialmente del femenino”.

Equipo del MAD Rugby Boadilla en el que juega Esther Rocha

Una grave lesión de rodilla, la clásica rotura del ligamento cruzado anterior, así como una estancia en Dinamarca con motivo de su trabajo fin de curso, le alejaron de la elite del rugby femenino español, aunque no de su práctica y, lo más importante, de ese espíritu que Rocha está demostrando ahora al dar el paso de ponerse a trabajar como temporera en la recolección del espárrago.